domingo, 22 de junio de 2014

Últimamente no sé lo que me pasa.
Sólo sé
que cada vez que te miro
algo dentro de mí
muere
y renace
cuando eres tú el que me mira.
Y somos tan diferentes
que me encanta
Y somos tan similares
que me asusto.
Que rompes la roca más fría
Y encuentras flores
en mi campo de minas.

domingo, 16 de febrero de 2014

Me acostumbré a gritarle al vacío, a ahogar a mis demonios en tinta, a llorar cuando nadie miraba, a tapar la tristeza con sudaderas grandes, a absorber mis problemas con canciones como si de esponjas se tratasen. 

Y aún así, es mi propio pensamiento el que me reconcome por dentro, me quema y me hace (y hará) arder hasta que me interior se quede hecho cenizas. Y lo único que pueden hacer las cenizas es dejar que se las lleve el viento.

sábado, 18 de enero de 2014

  Yo no odio a nadie.
  Bueno, tal vez sí.
  Odio a alguien a quien soportar día tras día, a cada acción que realiza, un poquito más.
  Odio que se equivoque, que eche tanto en falta, odio su tristeza diaria. Odio que aún así calle y sonría en vez de soltar de una maldita vez cómo se siente. Odio que perdone siempre a aquel que le ha hecho daño, y que haga como si nada ocurriera.
  Odio que se fije en cada mínimo detalle,  que mire tanto a la gente. Odio que se enamore de lo imposible; odio que sueñe tanto.
  Lo odio tanto. A mi propio ser. Qué locura.

domingo, 12 de enero de 2014

Supongo que cuando elegí el título para este sitio lo hice por algo. El boulevard de los sueños rotos. Mi pequeño paseo a través de mis esperanzas rotas. Supongo que todo se acaba rompiendo, aunque tal vez sea otra estupidez que mi cabeza crea para justificar mi continuo estado.          
Lo único que se rompe es lo frágil. Entonces, yo soy frágil. 
Antes no lo era. Para nada. Podía aguantarlo todo dentro de mí durante mucho, mucho tiempo. Pero ahora no sé si podré. Realmente no lo sé. A veces tengo miedo de mí misma, de comenzar a gritar en medio de clase y salir corriendo. A veces tengo miedo de que los demás se enteren de lo que pasa por mi interior. Menos mal que no se pueden saber los pensamientos del otro. Menos mal. A veces, simplemente, tengo miedo de cuánto va a durar esto, esa presión en el pecho y esas ganas de gritar contenidas. Creo que tengo miedo de tener miedo, y, ¿cómo puedo ser tan tremendamente estúpida?
En fin.
Maldita debilidad.
No sé si la aguantaré más.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Live.

  -La vida es muy corta - dijo, de repente, mientras que miraba a ninguna parte-. Quítale ese jersey que te gusta tanto a tu padre, y sal a la calle con él, sin importarte que te esté varias tallas grande o lo que la gente piense. Lee un libro y emociónate mientras que lo lees, entristécete porque lo has terminado. Canta mientras que paseas. Rómpete y deja que venga alguien y te arregle. Ve de concierto en concierto. Llora. Ríe. Grita. Enamórate. Rompe los esquemas. Ayuda a cambiar el mundo -hizo una pausa y pude ver una media sonrisa en su rostro-. Coge la vida y vívela, joder, ¡vívela!

viernes, 18 de octubre de 2013

How beautiful you are.

  "Cuando me preguntaban cómo era ella, yo solía responder que bonita.
  Pero con esto no me refería sólo a su físico, si no a su forma de ser, a su forma de vivir.
  Ella era bonita cuando hacía fotos o tocaba la guitarra, cuando la veía hacer las cosas que más le gustaban en el mundo, concentrada, olvidando el resto del mundo. Ella era bonita cuando leía, cuando se fundía en las páginas de una novela, mientras que yo la observaba, a su lado, sin que ella a penas se enterara. Era bonita cuando reía y arrugaba la nariz. Era bonita con esos jerséis tan grandes que llevaba. Era bonita cuando tomaba chocolate y se manchaba los labios. Era bonito entrar en su habitación y ver montones de discos de vinilo apilados y una estantería a rebosar de libros, era bonito ver ese brillo en sus ojos. Era bonita cuando me hablaba de las cosas que más quería, de sus sueños. Era bonito verla emocionada. Era bonito ver lo fuerte que era, intentando hacer que pareciera que todo iba bien, pero yo la llegué a conocer tan bien que sabía cuando ir hacia ella y abrazarla, sin decir nada más. Era bonita cuando se empeñaba en que llevaba razón. Era bonita cuando se ruborizaba y se le encendían las mejillas. Era bonito cuando sus ojos, tan peculiares como ella, se clavaban en los míos. Era bonita, incluso, (aunque no me guste el decirlo) cuando fumaba. No porque lo hiciera, ya que era uno de nuestros motivos de discusión, si no por lo forma en la que cogía el cigarro y se lo llevaba a la boca, la forma en la que expulsaba el humo.
  Recuerdo que siempre llevaba carmín.
  Y el carmín dejaba una marca en los cigarros.
  Como ella dejó marca en mí.
  Sí, ella era tan bonita que era triste."

lunes, 9 de septiembre de 2013

Efímera felicidad.

Normalmente, lo bueno dura poco y lo malo se alarga. ¿Por qué? ¿Por  qué podemos llorar horas por lo mismo y cuando toca reír sólo son unos malditos minutos?
Te sientes en las nubes, sientes que todo te sale bien, piensas: "joder, soy feliz". Y entonces, vuelta a la realidad. Vuelta a los golpes bajos. Vuelta a las noches de llorar hasta dormir. Maldita realidad. Efímera felicidad.
En realidad, es cierto eso de que después de la tormenta sale el sol, pero nadie mencionó lo poco que puede tardar en volver a nublarse.